Contorsionista
No hay que resignarse a las rozaduras de la vida.Ella conocía todas las trampas.
Tomaba su amor
y le borraba los contornos,
para luego rehacerlo huérfano y desfigurado.
Un día se apostó su blancura
y metió su cuerpecito en mi boca.
Se evaporó en dos palabras y un bostezo.

Andrey Dubinin

