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La señora llovía dulcemente

¿La muerte? Pues no, la verdad. Me inquietan más las cosas que ocurren mientras aún estamos vivos. Aunque escribir sobre la muerte es una buena cosa. Puedes decir todo lo que te apetezca porque, en el fondo, nadie sabe nada sobre ella.



La muerte sin medida, la muerte con tacones, con sombrero de ala rota, con una guitarra sin cuerdas entre los dientes y restos de comida o de seres aún vivos bajo las uñas. La muerte aprendiéndonos con cautela, observándonos despacio y a distancia, la muerte viendo la vida pasar, disfrutando cada segundo en el paladar, digestión profunda. La muerte y sus hermanas, cazando risas, jugando a la mala suerte, la muerte mezclada con la vida sin contornos, sin límites.



























Bernd Lietz
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The Greatest

Tengo un vacío bajo la lengua que me escuece cuando escucho un piano. Debo haberme olvidado las gafas de mirar más rápido. Los pájaros vuelan marcha atrás a través de la densidad del cristal. Si intento argumentar esta sed solo encuentro cíclopes. He contado los días de tantas formas distintas que tengo los párpados tatuados.


























Doomstache
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Final alternativo

una mano blanca entre un amasijo de chatarra vieja la niebla el sopor de una mañana gris terca una mano blanca se alza entre los escombros hay vida empaquetada en el desastre huele a esperanza caducada la mano blanca se agita la niebla de la mañana protesta por las molestias una mano blanca no tan blanca la agarra fuertemente tira de ella se rompe el suelo se resquebraja la tragedia detrás de la mano blanca hay un cuerpo blanco un grito en el cielo una sonrisa rota un latido nuevo