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Antídoto

Hay voces en la habitación de al lado que se diluyen bajo una plancha transparente. Tres o cuatro vestidos me impiden el paso de manera acrílica. Ahora el silencio se condensa en una nube de flores de plástico, argumentos vanos, ganas de besarte y saber que no hay nada más allá de tu nuca. Donde no puedo llegar. Donde me observan cada hálito de sueño. Si tuviera una máquina del tiempo te repetiría mil veces los momentos que nos dieron vértigo y abusaron de nuestra inocencia. Huele a flores secas bajo el peso del verano muerto. No hay nada más allá de tu nuca, excepto el mareo de saber que no hay nada más.

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El que sobra en el calendario

La pintura de las paredes me está robando el oxígeno crudamente. Había algo que hacer que ya no recuerdo. No pega nada de lo que ocurre en este minuto extraño. Y sigue habiendo un vacío más allá. Más allá no hay nada. Si tú lo supieras no me mirarías como si esperaras criaturas ligeras saliendo de mis manos. Que no se maten los colores es algo secundario. Lo primero es que me veas como soy cuando no estás mirando.



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Otras cuestiones

Demasiado rápido? Demasiado lento? Mejor así? No me preguntes sobre la escala de las cosas que no se miden sino por el nervio vivo al descubierto. Quizás en otro tiempo más gris y turbio hice algunas observaciones al respecto. Pero ahora solo me importa la identidad de tus poros, no quiero más datos, no hará falta ningún censo que lo justifique, solo el hecho de existir bajo esta atmósfera cargada, espesa de saltos mortales. Si me recordaras tal y como me sentías antes de conocernos, entenderías por qué las mañanas te saben agridulces y metálicas, como el sabor de la sangre recién robada. Hueles a sangre de años, surcada por barcos milenarios que aligeran la carga para llegar antes que nadie.