La casa de Raven
Hacía tiempo que habías dejado de verme como aliento ajeno. Frotabas las cuerdas de mi violín como si fuera tuyo. Teníamos los ojos empapados de ficciones, como cuando el viento frío te corta a trozos. A ratos la vida nos quería, otros nos dejaba esperando. Nos volvimos transparentes en la oscuridad de esta casa llena de espejos. Tus manos se multiplicaban a cada paso, se nos multiplicaban los insomnios. Múltiples ceniceros vacíos, prendas múltiples abrigando los paisajes volcánicos del suelo. A cada minuto nos multiplicábamos en superficie, en espacio, hacia otras dimensiones. Se rompió un espejo y empezamos a pensar en la eternidad. En algún lugar de esta casa te pedí que me contaras un cuento y rompimos el infinito a mordiscos.

Prismes