Un perro andaluz

Tu cuerpecito de aceite me llena la boca
mi boca sobre bajo tras la tuya
de enredos camaleónicos.
Me rompes la cáscara cada vez que vengo a verte
me salen fantasmas jóvenes de los ojos
y tú los atiendes como si fueran invitados tuyos.
Te han enviado con una bofetada
a sacarme del ayer con la mano abierta
a arrancarme a tiras el silencio mío
y plantarme el silencio de los dos.



1 comentarios:

Brian Edward Hyde | 12 de octubre de 2010, 21:59

EL HOMBRE CAMALEÓN
Hoy he visto al hombre camaleón
en la calle.
Trozos de un hombre, el desagüe
de la sandía podrida de pepitas.
El hombre camaleón
se esconde en las tuberías de los badenes,
tras un contenedor, bajo tierra.
Huele mal y las moscas lo rodean.
El hombre camaleón entra en mi piso
y lo pierdo de vista.
Quiero creer que no es sino mi reflejo
en el vidrio del pasillo (tamaño hombre)
pero en la desnudez de la puerta
se abren dos ojos.
Puertas orgánicas y sábanas de ceniza.
Cuando el hombre camaleón cae en la cama,
antes de que esté muerto,
busca el hueco mullido en el colchón
y ocupa el vacío que dejo en el aire.
El hombre camaleón se convierte en mí
como una jungla de gemidos, de cataratas
y tucanes que abandonan NUESTRO cuarto.
El hombre camaleón se ha mimetizado.

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