Equilibrista

Camina a tientas sobre el alambre
mientras le inventa manos a la muerte.
Estruja los corazones tirados en la acera
con sus pequeñas manos de ave
y sonríe como si no quisiera hacer daño.
Su carita dulce hace pensar
en unas alas de emergencia ocultas
tras la espalda.
Pequeño,
¿qué se escucha desde aquí arriba?
El rechinar de los dientes
y el grito asesino de la campana sin badajo.



1 comentarios:

Brian Edward Hyde | 6 de diciembre de 2010, 1:59

Equilibrio haces tú con los versos

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