La ciudad de las ideas

Llevo tiempo esperando
a que te levantes un día
y me cojas de la mano
y me montes en la moto vieja
que escupe monstruos de cine del malo.
Llevo mil siestas esperando a que me lleves
a la ciudad de la que hablan
los prospectos de los mecheros.
La de las pirámides sin vértices ni aristas,
la de las rocas sonámbulas,
la ciudad vacía y oportuna,
la que destila tanta sombra
que hay que cerrar los ojos
para no caer en las alcantarillas,
la de las puertas que cantan
y los domingos acabados en tragedia.
Llévame allí
y pinta tu nombre en la calle
más inexacta que encuentres.
Llévame a la ciudad
de las niñas que no quieres encontrarte,
las que te miran desde abajo
y les dan a los ojos ochenta vueltas al día.
Llévame a las calles
donde los gatos se quedan con hambre
después del baño
y encierran lo más árido en un bote
y lo destierran al bajo de la cama.
Llévame allí y lánzame un barco de papel
desde la torre más alta.
Llévame a la ciudad de la juventud perdida
y la madurez de filtro
y la muerte desmigada,
la de los sombreros de copa
para recoger la lluvia.
A la de la miseria sembrada
en las tapas de los cuadernos, allí,
llévame y planta un árbol
en mitad de la acera más sucia.
A la ciudad de las lágrimas de caballo rojo,
de incendio galopante
y tarántulas obvias,
la que piensa en la avalancha del día después
cuando nos despertemos
con los ojos llenos de sal gorda,
la que grita violinízame, glísame y recórreme
el vello absurdo de la nuca.
Llévame allí,
pon una hormiga en la esquina más perdida,
déjame que la encuentre.
Le enseñaré que el mundo
siempre ha sido así.



























Pilar Aguilera

3 comentarios:

Elenn | 17 de enero de 2011, 20:33

y me montes en la moto vieja
que escupe monstruos de cine del malo


Como siempre, "lo petas" :)

sole | 18 de enero de 2011, 20:01

Muy bueno.

Julio Castelló | 23 de enero de 2011, 22:23

"A la ciudad de las lágrimas de caballo rojo,
de incendio galopante
y tarántulas obvias,
la que piensa en la avalancha del día después
cuando nos despertemos
con los ojos llenos de sal gorda,
la que grita violinízame, glísame y recórreme
el vello absurdo de la nuca".
Reconozco que me ha estremecido. Dentro.

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