Cuarto asalto


había aprendido a caminar tan rápido que el paisaje solo lo formaban tres colores y una línea recta
las voces de los demás viajeros cabían todas en un bolsillo
en una estación igual al resto subió a mi tren un hombre espiral
ahora me muevo tan desnuda y tan lenta que nadie advierte mi piel llena de criaturas recién nacidas

solo tengo un mapa que no es del suelo la caricia justa un dolor feliz
el despertar rota de luz sabiendo que si alargo la mano me encontraré con su espasmo
se acerca con la calma de quien ha disparado a la luna para saber su edad
me toca como si fuera el inventor de cada uno de mis huecos

he contado los días de tantas formas distintas que tengo los párpados tatuados
si intento argumentar esta sed solo encuentro cíclopes
sabrá que es suya por el día la cadencia y el silencio afilado que abrirán su piel formando un dibujo evidente
¿querrá sumergirse en este círculo?
aquí en las yemas de los dedos tengo más tiempo del que puede imaginar





2 comentarios:

Heisenberg Ammalato | 30 de diciembre de 2012, 20:29

Yo también soy un tren.

Rafael Indi | 14 de febrero de 2013, 22:52

Hola, descubrí algunos de tus poemas en la antología "La vida por delante" y aterricé en este lugar, en el que me quedo con tu permiso.

Un saludo desde mi paracaídas ardiendo.

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