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Dorian y Gray

Dorian y Gray. Gray y Dorian. Su madre, su parto aún latente, su aliento primero y su primer grito desgarrado. La prostitución, el desacuerdo, tu cara en los postes del puerto. La prostitución y el humo gris de la ciudad sobre tu cabeza, dentro de tu cabeza. No puedo dormir desde hace un eón y medio, guantes de piel me cierran el paso, gritos y túes que reviven cada instante en mi lengua. Rachas de vientos feroces, niñas rubias sin encaje ni tul, niñas rubias de lenguas despiertas y miradas caóticas. Puede ser que tú ya lo supieras, que conocieras el fondo del asunto. No te culpo. He estado ciega. Jugaba a las muñecas sin brazos ni piernas. Mientras tanto, vosotros discutíais sobre el apetito voraz del mundo.



















Dorian y Gray
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Mago

Vienes por la noche y me traes teorías
de sutileza caos movimientos armónicos
vienes y aparecen tres grados de sombra
a cuál más adictivo vienes sin ruido
y se desfasa la luna y me grita la sangre
en los oídos y me parto en dos por el pecho
sin vergüenza cuántos hilos de piel
me has arrancado?



























Yulia Cosmos
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Mujer barbuda

Su pecho acobardado se abre paso
a las caricias más ásperas.
La sustancia que la completa
no entiende de disfraces.
Abre su boca y se oye el ruido
de mil noches de tormenta.
Su cara áspera no prende
bajo la llama del mundo,
áspero pesar por los hijos muertos
en la tormenta de las noches.
Ásperas.



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Trapecista

Era posible su vuelo artificial
sobre el mundo plástico del circo.
Brazos cuerda, trayecto infinito
y todas las dagas de las retinas
clavando sus hombros en el aire.
Contó las veces que lo miraba
y cuando llegó a cien
me dio un abrazo con sus piernas.



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Payaso

No conocer el límite entre la sonrisa y la histeria.
Beber la cara oculta del absurdo.
Probar las sobras del amor y dar las gracias.
Ansiar la destrucción de la sorpresa.
Llorar una revolución tras cada cortina.
Anidar las cenizas de una mirada hueca.
Escupir desiertos de goma
para disfrute de los seres más efímeros.
Vivir en el insomnio del músculo.


























Mátame
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Equilibrista

Camina a tientas sobre el alambre
mientras le inventa manos a la muerte.
Estruja los corazones tirados en la acera
con sus pequeñas manos de ave
y sonríe como si no quisiera hacer daño.
Su carita dulce hace pensar
en unas alas de emergencia ocultas
tras la espalda.
Pequeño,
¿qué se escucha desde aquí arriba?
El rechinar de los dientes
y el grito asesino de la campana sin badajo.



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Contorsionista

No hay que resignarse a las rozaduras de la vida.
Ella conocía todas las trampas.
Tomaba su amor
y le borraba los contornos,
para luego rehacerlo huérfano y desfigurado.
Un día se apostó su blancura
y metió su cuerpecito en mi boca.
Se evaporó en dos palabras y un bostezo.


























Andrey Dubinin